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Gana mucho dinero… pero no así

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Por: FERLEY HENAO OSPINA

Existen diferentes modos de obtener las utilidades necesarias para el funcionamiento de cualquier actividad, una de ellas, precios bajos y volumen; otra diferenciación con precios más altos. Así mismo la provisión de materias primas e insumos pueden adquirirse de proveedores que tienen precios más bajos o de otros que se distinguen por mejor calidad.

Estas y otras variables permiten combinar las estrategias de mercado que se concretan en ventas de productos o servicios generando beneficios económicos. A eso se le llama COMPETITIVIDAD.

La competitividad es la capacidad de desarrollar ventajas con respecto a los otros productos o servicios de su género para así, disponer de una posición destacada en el mercado. Es decir, ciertas aptitudes, destrezas, cualidades, recursos, tecnología o atributos que lo hacen superior y, aunque es un concepto relativo, compara el rendimiento de uno con relación a otro u otros.

En consecuencia, una empresa o persona es competitiva cuando es capaz de obtener una rentabilidad superior a la de sus competidores.

La competitividad puede basarse en menores costos de producción debido al uso de mejor tecnología, factores de producción más eficientes, mejor organización, etc. permitiéndole reducir sus precios en el mercado conservando un margen razonable sobre la venta, cumpliendo con sus obligaciones Tributarias y fiscales.

También puede ser, empleando otras estrategias diferentes al precio y logrando cobrar un mayor precio sin disminuir sus ganancias relativas. Esta forma se basa en factores diferenciadores como mayor calidad, imagen más sobresaliente, logística más desarrollada u otros que sean reconocidos como relevantes por el comprador.

Para desarrollar la competitividad es indispensable contar con directivos dinámicos, con visión, predispuestos a la evolución tecnológica y a la imperiosa necesidad de innovar constantemente (desarrollo de nuevas ideas y creación de nuevos productos y servicios) para estar siempre a tono con la realidad global y lograr la mayor eficiencia posible.

Así Sí quiero que ganes dinero, mucho dinero, a dos manos, a manos llenas.

Queda claro que un negocio, empresa grande, mediana o microempresa debe funcionar así y de ninguna manera, en las reglas del juego comercial, está establecido que deben utilizarse trucos, artimañas. trampas, estratagemas, engaños, picardías, manipulaciones o juegos sucios para poder conseguir los legítimos beneficios económicos a los que tiene derecho toda actividad de tipo empresarial por grande o pequeña que esta sea.

Sin embargo, en parte de América Latina estos conceptos básicos de la manera de hacer negocios, se han ido torciendo y muy particularmente en algunos países, donde la corrupción se incrustó peligrosamente en diversas esferas del poder. Aparecen en escena “empresaurios” que logran los beneficios económicos, no por la vía de la eficiencia de sus negocios, sino por el escabroso camino del lobby para “comprar” privilegios.

Bajo esta hipótesis consiguen, por ejemplo, en el poder legislativo, quiénes les arreglen leyes o que introduzcan “micos” u otras formas astutas para sacar ventajas económicas, descuidando por completo los aspectos fundamentales de la producción y particularmente de la productividad y la eficiencia.

En otros casos, alcanzarían privilegios en el poder ejecutivo de diversa naturaleza, algunos de ellos afectando perversamente a sus competidores hasta llegar a sacarlos del mercado de manera injusta y desleal.

También si hacen los trucos para no pagar o pagar menos en ciertos impuestos o aranceles o para evadir parcial o totalmente el pago de los servicios públicos.

Peor aún, cuando el estado niega a los campesinos el legitimo derecho al conocimiento, a la actualización tecnológica y a la innovación agropecuaria y sustituye la producción nacional por importaciones concedidas a firmas o personas privilegiadas, con el agravante de autorizarles desembarcar y colocar en el mercado los productos importados en el mismo momento que nuestros campesinos están sacando sus humildes cosechitas. Esa es una forma proterva de actuar que podría calificarse como algo de naturaleza criminal. Con esta acción detonaron una bomba contra la soberanía, no solo contra la soberanía alimentaria, sino también contra la soberanía nacional en toda su extensión.

Si así es como gana dinero, eso no es empresa, o por lo menos no lo es en términos legales, justos y equitativos.

Así No quiero que ganes dinero, esa no es la forma de hacerlo, perjudica a la sociedad en general, erosiona los recursos públicos, destroza el tejido social y estimula la corrupción.

Si Colombia está inmersa en una situación así es porque aquí lo que más hemos perdido son los valores éticos y morales. La recuperación de los valores es nuestra tarea si es que de verdad queremos construir futuro.

La competitividad es esencial en el desarrollo económico y social de los pueblos. Sin competitividad una sociedad está dando palos de ciego.

Para finalizar, comparto con ustedes esta fábula de corte esópico, con provechosa moraleja, que ha sido muy difundida desde comienzos de este siglo como un magnífico proverbio africano:

“Cada mañana en África, una gacela se levanta, sabe que tiene que correr más rápido que el león o caerá en sus garras. Cada mañana en África, un león se levanta, sabe que tiene que correr más rápido que la gacela o se morirá de hambre. No importa si eres león o gacela, mejor será que te pongas a correr”.

VIDEO-COLUMNA

Véala aquí:https://www.youtube.com/watch?v=veqfvC6yT1U&t=25s

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